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displasia de cadera

Se trata de un proceso  típico de los perros, de origen congénito (el cachorro nace con este defecto) y puede manifestar sus síntomas a los varios meses de edad.

Consiste en una malformación de la articulación entre la cadera (acetábulo)  y la cabeza del fémur (ver dibujos:  dibujo 1: articulación normal), habiendo más espacio de lo normal entre sendos huesos (dibujos 2 y 4), con lo que los movimientos articulares y rozamientos entre el acetábulo y la cabeza del fémur no son limpios y causan dolor.

Conforme pasa el tiempo, el acetábulo y la cabeza del fémur se van deformando (foto 3), originándose una artrosis o degeneración articular.

Es una enfermedad típica de perros de raza grande, como el pastor alemán, mastines, etc.., aunque también se puede presentar en razas medianas, como el cocker por ejemplo.

Cuanto antes se diagnostique, mejores expectativas de curación tendrá el proceso, teniendo que pasar en numerosas ocasiones por el quirófano, y más aún cuando se diagnostica después de los 6 meses de edad.

Con cierto tipo de alimentación, control del peso y restricción de los paseos se puede frenar la deformación articular, siendo imprescindible detectarlo antes de los 4 meses mediante radiografía para tener éxito.

El perro afectado por esta dolencia tienen un andar “patoso”,  juntando los talones, y tras un ejercicio moderado se niega a andar debido al dolor que presenta en la articulación o articulaciones, ya que puede padecerlo en una cadera o en la dos.

La cirugía será tanto más engorrosa y cara como avanzado esté el proceso, aunque con un buenos consejos veterinarios a veces no hará falta realizarla.